Es el cielo de Buenos Aires lo que duele.
Es el otoño y sus hojas como escenografía de película.
Es la imposibilidad de parar y decir: déjenme aquí, yo no
sigo.
Yo tengo otras cosas que hacer: tengo que vivir.
Me gusta el otoño y sus hojas.
Voy a salir a caminar, a dar un paseo largo.
Quiero que se me congele la punta de la nariz y
Acompañar con el alma el aire que sale de mis pulmones.
Quiero llegar a casa y abrazar un libro que hace dos años
prometí leer.
Te hice a vos esa promesa y la he hecho tantas veces que
deberías perdonarme.
Nunca cumplí.
En cambio me fui quedando a tu lado.
Y mis poemas ahora también se tratan de vos,
aunque no tenga asunto meterte en los rincones de la
nostalgia.
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