domingo, 27 de octubre de 2013

Las Negras


Hoy llegué a la casona y me enteré de la nueva política de los dueños: ya no se aceptan putas. La noticia hizo eco en los pasillos y Marcela me contó de la angustia de las negras sacando sus cosas a media noche. Les advirtieron de la disposición cuando salían a rumbear. Las pobres no tuvieron ni previo aviso…Aún se percibe el perfume de Adriana al cruzar a la cocina para calentar agua. En las alturas de la escalera que da al tercer piso me senté a esperar en vano los gritos melódicos de Ana Iris. Esa no se puede quedar callada cuando hace el amor. Sus gemidos de gatita se escuchaban en mi humilde vivienda, la palomera, a primera hora del domingo y hasta bien avanzada la madrugada del lunes.

La calle invernal espera por las negras. La cama helada me espera a mí. En el altillo se mueve la voz de Sonia, enojada porque las otras no son capaces de lavar el plato en el que comen. Los músculos se me endurecen al tiempo que se me pone la piel de gallina. Sonia solía darme unos golpecitos amistosos en los brazos, cuando me encontraba haciendo la fila al baño, temblando de frío.

Esa negra tiene las piernas largas y una sonrisa luminosa de mujercita noble. No se da cuenta y fuma desde que se levanta, como para darse aire de puta atrevida. Se calza unas mínimas minifaldas y sale a bailar los sábados al “Pura Vida”. Una vez me la encontré a su regreso. Medio borracha me puso los senos en el pecho y yo, animal avergonzado, sudoroso, le dije: “No Sonita… no me gustan las mujeres… no me gustan las mujeres”

Dicen que se fueron al sur, a juntar los pesos para volar a Italia en primavera.

martes, 18 de junio de 2013

Loco.

Ejercité.

Recordé tu piel esa noche y varias noches consecutivas me siguió un sueño absurdo, en el que vos no eras vos, sino un loco parlante que vivía en una choza endeble. Estabas por decir algo. Pero en cambio me miraste y ví en tus ojos los ojos de otro. Saliste a caminar, correr, conversar. Amable con una copa de vino en la mano, espantando las moscas de tu espanto. Volviste a mí pero ya no eras el loco. El haraposo se quedó petrificado junto a mi. Yo le revoloteé como paloma infectada. Y esperé.

Pájaro muerto a la orilla de una carretera.

La libertad me empujó a chocar contra el vidrio y los ojos abiertos de una chica que viajaba en primera fila. ¿De qué otra forma es posible viajar?

...En la última. Escondida de las piedras y los ladrones de suvenirs.

Vuelvo para decirte que recuerdo tu cuerpo de mediatarde. Acostumbrada a las pieles calientes te agradezco el favor: agarraste mis pedazos de la palma de mi mano. Fuiste generoso, y loco. Me besaste hasta el codo.

NUNCA ME HABÍAN BESADO EL CODO. IZQUIERDO.

Recuerdo el motor vibrante de mi pecho abatido. Paloma que no quiere morir. Gaviota aventurera que le juega a las olas una última partida antes de que caiga la sombra. Loco! Loco de fuego vestido de harapos y marañas en una choza caliente de sol de verano. Seco. Y mojado. Lluvia desde el fondo del cuerpo. Refresco melancólico. Como siempre, me dejaste beber de tu boca. Compasivo loco que no me deja morir. Agallas de pez devuelto al lago.

Te recuerdo y me ahogo en deseo.

El mismo loco. Ese de la choza, que no dijo una palabra. Loco presente y ausente, recuerdo viviente de días felices, de estómagos contentos y llenos. Loco de rabia y de amor. Loco que cierra los párpados y no permite que lo espíen. Que digan lo que quieran! No pueden mirar. No pueden experimentar como nosotros. Conejillos de indias, de arena. De barro. Manos que se pierden en la temblorosa abertura de mis piernas. Tu lengua que pasea entre esa. Y la mía. Lengua que no besa, come. Saborea, repite, navega, y pregunta. Pregunta cuando se detiene. No deja que le responda. Quiere más. Destino de sal. Amor otra vez. Loco. Sentado en tu choza observa. No entiende lo que pasa. No habla. No delata. No especula. Loco me besa el codo izquierdo y muerde mis piernas. No predica. Come. Besa. Muerde. Pasea. Viaja entre mis piernas y no repara en la cicatriz profunda. No le importa porque es loco.

jueves, 14 de marzo de 2013

Qué esperanza


Qué esperanza! Esperanza
Que el mundo no va a cambiar
Dolientes siguen doliendo entre las cuerdas
aún si vos no querés cantar

Claves de olor dulce
rosas adolescentes cortadas en tierra secada
Qué esperanza! Esperanza
aún hueles

Sonámbula delicada,
Caminas por una tabla endeble
indeleble,
Blá blá.. Sabés hablar

Esperanza de ojos negros,
siempre eres ave
Aún quieres ser animal?

Qué esperanza! Esperanza
No sabes caminar,
Acercate a los saltos,
como hija del mar

Más me hiere tu presencia pura
Un desvelo desenmascarado
Abrazo de hermanas
beso de amor

Qué esperanza! Esperanza
habitas mi hábito
Sabés que me gusta dormir desnuda?

Holgazana de las sábanas de seda
Suavidad erogenando y amando
recorridos de mi vicio vespertino
Esperanza fresca en la mesa de luz
Aguardando a que termine
Aguardando a que acabe
Gozo de fin de mundo

Qué esperanza! Esperanza
Mi estrella fugaz
Mi amor de juventud
Mi todo lo demás.