Tengo antojo de nombre completo
Tal vez mañana ya no
Soy María Elizabeth Cancino Henríquez
Qué lindo nombre.
He sido demasiados diminutivos y el día de hoy, en pleno uso
de mis facultades especiales, me declaro nombre largo, inabarcable en los
formularios, impronunciable en el cotidiano.
Es una sensación parecida a quedarse en bolas en plena
calle.
No tengo disfraces ni engañapichangas.
Para que te voy a decir que soy Eli-Iza-Liz si en realidad
soy María Elizabeth.
Tanto tiempo queriendo hacértela fácil.
No?
Porque fue para eso, para que te acordaras, mundo inmundo,
de un nombre que me refleje.
Porque siempre me lo cortaste, como si tuvieras derecho.
Y en las oficinas públicas me dijiste “María”, a secas, con
el primer apellido, a secas.
En las reuniones sociales Elizabeth, como muestra de
deferencia y bienvenida al abolengo de los que no se llaman equis equis.
Entonces busqué el pedacito menos sucio. El más sonoro.
Musical, de bella dama. Cortito, de damita de pies
chiquitos.
Pero me llamo largo y tendido y te tenés que llenar la boca
con mi nombre.
El nombre: acuso recibo de mi falta de diplomacia.
El nombre: territorio inocente
El nombre: hadas estelares posando sobre nuestras cabezas.
El nombre: chaleco salvavidas.
El nombre: la primera batalla ganada a la nada.