miércoles, 21 de mayo de 2008

SIN CASA

I

Un cabro chileno
una mujer chilena
un artista chileno
deja la escultura de un viejo arrugado encima de la mesa
las botellas de vino se apiñan entre el estómago y el diafragma
los cigarros tienen gusto a pasto seco y la marihuana salva

No se llama inmigrante al que se caga de la risa
en las barbas angulares de 15 millones de mirones
Desplegado un papel de diario y unos gramos
el forastero se entretiene mirando volar una mosca

Se llama inmigrante al que siente soledad
y al que no puede comprarse un pancito en la calle
es inmigrante el que hace fila junto a los peruanos
y a los bolivianos

No se llama inmigrante el que calcula en dólares
no se llama inmigrante el que estaciona el autito
no se llama inmigrante el que se toma un cafecito
no se llama inmigrante el que viaja en ácido

Apenas alcanzo para extranjera
extraña en mi propio cuerpo
alejada de antiguas convicciones
figura que transfigura a molécula celular
y revestida de plástico mirando al este
al oeste
al norte
y al sur

Los miro desde la lejanía de mi caída
los miro embelesada desde el suelo
los miro y me elevo y no alcanzo las pupilas de sus ojos
extranjeros sus ojos desafiantes
idioma dominado por los malos entendidos

No son meras especulaciones
en la casa de mi vecino la música sale de un radio a pilas
el arroz hierve y es rico en papilla
y le pido unos gramitos
no de ázucar
no de hierba

Es posible que me acostumbre
en un futuro lejano
y permanezca tranquila fuera del círculo
ensayando la respiración baja, media y alta
para no rendirme y agarrarlos de las manos
en su ronda absurda
de la que vengo escapando

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